Comprar una acción puede hacerse en cuestión de segundos. Abrir una plataforma de inversión, buscar una empresa, introducir el número de títulos y pulsar el botón de compra es relativamente sencillo.
Lo difícil no es comprar una acción.
Lo difícil es decidir si realmente merece la pena comprarla.
Antes de invertir en una empresa conviene analizar mucho más que su precio actual o cuánto ha subido durante los últimos meses. Una acción representa una participación en un negocio y, por tanto, detrás de ella existen ingresos, gastos, beneficios, deuda, empleados, clientes, competidores, oportunidades y riesgos.
Una buena decisión de inversión debería comenzar con preguntas, no con el botón de compra.
¿Qué hace la empresa? ¿Gana dinero? ¿Está creciendo? ¿Tiene demasiada deuda? ¿Cuenta con alguna ventaja competitiva? ¿Está cara o barata en relación con sus resultados? ¿Qué podría salir mal?
En este artículo vamos a repasar qué mirar antes de comprar una acción, desde el negocio y las cuentas financieras hasta la valoración, los riesgos y el papel que esa inversión tendría dentro de una cartera.
Aviso: Este artículo tiene finalidad exclusivamente educativa y no constituye asesoramiento financiero. Invertir en acciones implica riesgo de pérdida de capital y las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.
1. Antes de todo: ¿por qué quieres comprar esa acción?
Esta debería ser la primera pregunta.
Antes de analizar ratios financieros, intenta explicar en una frase por qué estás considerando la inversión.
Por ejemplo:
«Creo que esta empresa tiene posibilidades de aumentar sus beneficios durante los próximos años y considero que su valoración actual es razonable.»
Eso es muy diferente de:
«La he visto mucho en redes sociales y todo el mundo dice que va a subir.»
Tener una razón concreta ayuda a evitar decisiones impulsivas.
También permite comprobar posteriormente si la tesis de inversión se está cumpliendo.
Si compraste una empresa porque esperabas que aumentara sus beneficios y después esos beneficios empiezan a caer de manera estructural, tienes un motivo objetivo para volver a estudiar la inversión.
2. ¿Entiendes el negocio?
No deberías comprar una acción de una empresa que no entiendes.
Esto no significa que tengas que conocer todos los detalles técnicos de su actividad.
Pero deberías poder responder preguntas básicas:
- ¿Qué vende?
- ¿Quién compra sus productos?
- ¿Cómo gana dinero?
- ¿De dónde proceden sus ingresos?
- ¿Quiénes son sus principales competidores?
- ¿Qué hace diferente a esta empresa?
- ¿Qué podría hacer que el negocio empeorase?
Si no puedes explicar el modelo de negocio de manera sencilla, quizá todavía necesitas investigar más.
Una empresa puede ser muy popular y, al mismo tiempo, ser difícil de analizar.
3. Mira los ingresos
Los ingresos muestran cuánto dinero genera una empresa mediante sus actividades comerciales.
Observar su evolución puede ayudarte a determinar si el negocio está creciendo.
Por ejemplo, imagina una empresa con los siguientes ingresos hipotéticos:
Año Ingresos
2021 500 millones €
2022 580 millones €
2023 690 millones €
2024 810 millones €
2025 950 millones €
A simple vista, existe una tendencia creciente.
Pero no basta con observar el número.
Hay que preguntar qué está provocando el crecimiento.
¿La empresa está vendiendo más unidades? ¿Está aumentando precios? ¿Está entrando en nuevos mercados? ¿Ha comprado otras compañías?
Un crecimiento provocado por adquisiciones puede ser diferente de un crecimiento orgánico generado por el propio negocio.
4. Analiza los beneficios
Los ingresos son importantes, pero una empresa necesita convertir sus ventas en beneficios para crear valor de manera sostenible.
Por eso conviene analizar:
- Beneficio neto.
- Beneficio operativo.
- Beneficio por acción.
- Evolución histórica.
- Márgenes.
Una compañía puede aumentar sus ventas y, sin embargo, reducir sus beneficios porque sus costes están creciendo todavía más rápidamente.
También conviene estudiar si los beneficios son recurrentes o si una parte importante procede de acontecimientos extraordinarios.
5. Comprueba el beneficio por acción
El beneficio por acción, conocido habitualmente como BPA o EPS, relaciona los beneficios de la empresa con el número de acciones existentes.
Es especialmente útil porque los beneficios totales pueden aumentar mientras el número de acciones también aumenta considerablemente.
Imagina una empresa que aumenta sus beneficios un 20%, pero al mismo tiempo emite muchas acciones nuevas.
El crecimiento del beneficio por acción podría ser bastante inferior.
Por eso, cuando analices una empresa, no mires únicamente el beneficio total.
También observa qué ocurre por acción.
6. Estudia los márgenes
Los márgenes permiten conocer qué porcentaje de los ingresos termina convirtiéndose en beneficio después de determinados costes.
Algunos de los más conocidos son:
- Margen bruto.
- Margen operativo.
- Margen neto.
Supongamos que una empresa aumenta sus ventas un 15% anual, pero sus márgenes disminuyen constantemente.
Eso podría indicar que está teniendo que reducir precios o que sus costes están creciendo.
En cambio, una empresa capaz de aumentar ventas y mantener o mejorar sus márgenes puede estar demostrando una mayor eficiencia o poder de fijación de precios.
Lo importante es estudiar la tendencia, no un único dato.
7. Mira el flujo de caja
Uno de los aspectos que más puede ayudar a comprender la calidad de un negocio es su capacidad para generar efectivo.
El beneficio contable no siempre coincide con el dinero disponible.
Por eso conviene analizar el flujo de caja operativo y el flujo de caja libre.
Una empresa puede presentar beneficios contables y, al mismo tiempo, necesitar grandes cantidades de efectivo para mantener sus operaciones.
El flujo de caja libre puede proporcionar una perspectiva adicional sobre la capacidad del negocio para generar dinero después de determinadas inversiones necesarias.
Una compañía que genera efectivo de forma consistente puede utilizarlo para:
- Reinvertir.
- Reducir deuda.
- Pagar dividendos.
- Realizar adquisiciones.
- Recomprar acciones.
8. ¿Cuánta deuda tiene?
La deuda no es necesariamente mala.
Puede ser una herramienta útil para financiar el crecimiento.
El problema aparece cuando el endeudamiento es excesivo en relación con la capacidad de la empresa para generar efectivo.
Antes de comprar una acción, analiza:
- Deuda total.
- Deuda neta.
- Efectivo disponible.
- Coste de la deuda.
- Vencimientos.
- Capacidad para pagar intereses.
También conviene comparar la deuda con empresas similares.
Una compañía estable y predecible puede soportar una cantidad de deuda diferente a una empresa cíclica cuyos beneficios fluctúan mucho.
9. Comprueba el ROE y el ROIC
Dos indicadores interesantes para analizar la eficiencia de una empresa son el ROE y el ROIC.
El ROE mide la rentabilidad obtenida sobre los recursos propios.
El ROIC intenta medir la rentabilidad generada sobre el capital invertido en el negocio.
En términos sencillos, estos indicadores pueden ayudarte a responder una pregunta:
¿Qué tan eficientemente utiliza la empresa el capital que tiene a su disposición?
Pero cuidado: ningún ratio debería analizarse de forma aislada.
Un ROE elevado puede estar influido por un nivel importante de deuda, por ejemplo.
La interpretación siempre debe hacerse dentro del contexto del negocio.
10. Busca una ventaja competitiva
Antes de comprar una acción, intenta descubrir qué hace difícil que los competidores destruyan la posición de esa empresa.
Una ventaja competitiva puede proceder de:
- Una marca fuerte.
- Patentes.
- Tecnología.
- Economías de escala.
- Efectos de red.
- Costes de cambio elevados.
- Acceso privilegiado a determinados recursos.
- Una red de distribución difícil de replicar.
Pero hay una pregunta todavía más importante:
¿Puede mantenerse esa ventaja durante muchos años?
Las ventajas competitivas pueden desaparecer.
Una tecnología puede quedarse obsoleta. Un competidor puede desarrollar una alternativa superior. Los consumidores pueden cambiar sus hábitos.
Por eso hay que estudiar también la durabilidad de la ventaja.
11. Analiza a los competidores
Nunca analices una empresa completamente aislada.
Busca otras compañías que operen en el mismo mercado y compara:
- Crecimiento.
- Márgenes.
- Rentabilidad.
- Deuda.
- Valoración.
- Cuota de mercado.
- Generación de efectivo.
Esto puede revelar que una empresa aparentemente excelente está en realidad por detrás de sus principales competidores.
También puede ocurrir lo contrario: descubrir que una compañía poco conocida tiene una posición especialmente fuerte dentro de su sector.
12. Estudia el sector
Una empresa puede estar bien gestionada y aun así enfrentarse a un sector complicado.
Antes de comprar una acción, analiza el entorno en el que opera.
Pregúntate:
- ¿El mercado está creciendo?
- ¿Existe mucha competencia?
- ¿Hay barreras de entrada?
- ¿El sector depende del ciclo económico?
- ¿Está sometido a regulación?
- ¿Existen cambios tecnológicos importantes?
- ¿Hay productos sustitutivos?
Por ejemplo, una empresa que depende de una tecnología que podría quedar obsoleta presenta un riesgo diferente de otra que opera en un sector más estable.
13. Comprueba la valoración
Llegamos a uno de los puntos más importantes.
Una empresa excelente puede convertirse en una mala inversión si pagas demasiado por ella.
Algunos ratios utilizados para estudiar valoraciones son:
PER
Compara el precio de una acción con sus beneficios por acción.
EV/EBITDA
Relaciona el valor de la empresa con su EBITDA y puede ser útil para comparar determinadas compañías.
Precio/ventas
Compara la capitalización bursátil con los ingresos.
Precio/flujo de caja
Relaciona el precio de la empresa con su capacidad de generación de efectivo.
Rentabilidad por dividendo
Compara los dividendos con el precio de la acción.
Cada ratio tiene sus limitaciones.
No existe un indicador mágico que te diga si una acción está barata o cara.
14. Compara la valoración con el crecimiento
Un PER elevado no significa automáticamente que una acción esté sobrevalorada.
Imagina dos empresas:
Empresa A
- Crecimiento esperado: bajo.
- PER: 25.
Empresa B
- Crecimiento esperado: elevado.
- PER: 25.
El mismo múltiplo puede tener implicaciones diferentes dependiendo de la calidad y las perspectivas de cada negocio.
Pero tampoco debemos caer en el extremo contrario.
Una empresa que crece mucho no justifica cualquier precio.
El objetivo es encontrar un equilibrio razonable entre calidad, crecimiento, riesgo y valoración.
15. ¿La acción ha subido mucho?
Esta pregunta puede ser útil, pero no debería ser decisiva.
Una acción que ha subido un 100% no necesariamente está cara.
Una acción que ha caído un 50% no necesariamente está barata.
El precio histórico no determina por sí mismo el valor actual de una empresa.
En lugar de preguntarte únicamente cuánto ha subido o bajado, analiza cómo ha cambiado el negocio.
16. Revisa los dividendos
Si la empresa paga dividendos, analiza:
- Historial de pagos.
- Crecimiento del dividendo.
- Beneficios.
- Flujo de caja.
- Porcentaje del beneficio destinado al dividendo.
- Deuda.
Un dividendo muy elevado puede parecer atractivo, pero también puede indicar que el mercado espera problemas.
Si el precio de una acción cae considerablemente mientras el dividendo permanece temporalmente igual, la rentabilidad por dividendo aumenta.
Eso no significa necesariamente que la empresa se haya vuelto más atractiva.
17. Observa las recompras de acciones
Algunas empresas utilizan efectivo para recomprar acciones propias.
Esto puede aumentar la participación relativa de los accionistas restantes.
Pero hay que analizar si las recompras se realizan a precios razonables.
Si una empresa recompra enormes cantidades de acciones cuando están muy sobrevaloradas, puede destruir valor en lugar de crearlo.
18. Comprueba si la empresa emite muchas acciones
Este punto suele pasar desapercibido.
Si una compañía emite continuamente nuevas acciones, la participación de cada accionista puede diluirse.
Por eso conviene observar la evolución del número de acciones en circulación.
Especialmente en empresas de crecimiento, las opciones sobre acciones y las remuneraciones mediante acciones pueden tener impacto sobre los accionistas.
19. Estudia al equipo directivo
La dirección tiene un papel fundamental.
Investiga:
- Experiencia.
- Historial de decisiones.
- Política de remuneración.
- Uso del capital.
- Compras de otras empresas.
- Comunicación con accionistas.
Una buena dirección debería ser capaz de explicar claramente cómo pretende crear valor.
También es importante observar si existe una diferencia significativa entre lo que la dirección promete y lo que finalmente consigue.
20. Lee los informes de la empresa
Si realmente quieres invertir en acciones individuales, aprender a leer información financiera es una de las mejores habilidades que puedes desarrollar.
No necesitas empezar entendiendo cada línea.
Comienza por:
1. Cuenta de resultados.
2. Balance.
3. Estado de flujos de efectivo.
4. Deuda.
5. Número de acciones.
6. Principales riesgos.
7. Perspectivas de la dirección.
Los informes anuales y las presentaciones de resultados pueden ayudarte a comprender la evolución de la compañía.
21. Identifica los principales riesgos
Antes de comprar, haz algo que muchos inversores olvidan:
intenta demostrar que estás equivocado.
En lugar de buscar únicamente argumentos que apoyen tu compra, busca también razones para no comprar.
Pregúntate:
- ¿Qué podría destruir la ventaja competitiva?
- ¿Qué pasaría durante una recesión?
- ¿Qué ocurre si los márgenes caen?
- ¿Puede aparecer un competidor mejor?
- ¿Tiene demasiada deuda?
- ¿Depende de un único producto?
- ¿Existe riesgo regulatorio?
- ¿Qué pasa si el crecimiento se desacelera?
Cuantos más riesgos relevantes encuentres, más cuidado deberías tener con la valoración y el tamaño de la posición.
22. No confundas una historia atractiva con una buena inversión
Las empresas con historias interesantes suelen llamar mucho la atención.
Inteligencia artificial, energías renovables, biotecnología, vehículos eléctricos, robótica o nuevas tecnologías pueden representar oportunidades reales.
Pero una narrativa atractiva no garantiza que las acciones estén correctamente valoradas.
El mercado puede haber incorporado ya unas expectativas extremadamente optimistas.
La pregunta no es:
«¿Tiene futuro este sector?»
La pregunta completa es:
«¿Cuánto crecimiento está reflejado ya en el precio de la acción?»
23. Evita comprar por FOMO
El FOMO es el miedo a quedarse fuera.
Puede aparecer cuando una acción lleva meses subiendo y todo el mundo parece ganar dinero con ella.
El inversor observa la subida y piensa:
«Si no compro ahora, me perderé la oportunidad.»
Este pensamiento puede llevar a comprar después de una subida importante sin analizar la empresa.
Una estrategia de inversión no debería depender de la sensación de que «hay que entrar antes de que sea demasiado tarde».
Siempre habrá nuevas oportunidades.
24. Piensa en escenarios
En lugar de intentar predecir exactamente qué ocurrirá, puedes construir diferentes escenarios.
Escenario positivo
La empresa crece más de lo esperado, mejora sus márgenes y aumenta sus beneficios.
Escenario neutral
El negocio crece moderadamente y mantiene una rentabilidad estable.
Escenario negativo
El crecimiento disminuye, los márgenes se deterioran y aumenta la competencia.
Después puedes preguntarte:
¿Qué valoración tendría sentido en cada escenario?
Este enfoque ayuda a comprender mejor el riesgo.
25. Pregúntate qué ocurriría si la acción cae un 30%
Esta pregunta es especialmente útil antes de invertir.
Supongamos que compras una acción y al cabo de tres meses cae un 30%.
¿Qué harías?
Si inmediatamente venderías porque no puedes soportar la caída, quizá la inversión no sea compatible con tu tolerancia al riesgo.
Las acciones pueden experimentar movimientos importantes incluso cuando el negocio sigue siendosólido.
Por eso debes distinguir entre:
Volatilidad temporal y deterioro permanente del negocio.
No siempre son lo mismo.
26. Determina el papel de la acción dentro de tu cartera
No debes analizar una acción únicamente de forma individual.
También hay que estudiar cómo encaja en el conjunto.
Por ejemplo, si ya tienes varias empresas tecnológicas, comprar otra compañía tecnológica puede aumentar todavía más tu exposición al mismo sector.
La diversificación no consiste simplemente en tener muchas acciones.
Consiste en evitar concentraciones excesivas en determinados riesgos.
27. Decide cuánto estás dispuesto a invertir
Incluso cuando una empresa te parece muy atractiva, debes pensar en el tamaño de la posición.
Una de las peores situaciones para un inversor es descubrir que ha concentrado demasiado capital en una empresa y que una mala noticia provoca una pérdida que afecta seriamente a su patrimonio.
La gestión del tamaño de las posiciones es tan importante como la selección de las acciones.
28. Ten en cuenta los costes
Antes de comprar una acción, revisa:
- Comisión de compra.
- Comisión de venta.
- Custodia, si existe.
- Cambio de divisa.
- Otros costes del intermediario.
- Fiscalidad aplicable.
Los costes pequeños pueden tener un impacto acumulado cuando realizas muchas operaciones.
Por eso no siempre tiene sentido comprar y vender constantemente.
29. Utiliza una lista de comprobación
Una forma sencilla de evitar decisiones impulsivas es utilizar siempre el mismo checklist.
Antes de comprar, puedes revisar:
Negocio
- ¿Entiendo cómo gana dinero?
Crecimiento
- ¿Están creciendo los ingresos y beneficios?
Rentabilidad
- ¿Los márgenes son atractivos y sostenibles?
Caja
- ¿Genera flujo de caja?
Deuda
- ¿El endeudamiento es razonable?
Ventaja competitiva
- ¿Qué protege a la empresa de sus competidores?
Dirección
- ¿Confío en la gestión del capital?
Valoración
- ¿El precio parece razonable?
Riesgo
- ¿Qué podría salir mal?
Cartera
- ¿Estoy demasiado expuesto a este sector o empresa?
Emociones
- ¿Estoy comprando porque tengo una tesis o porque tengo miedo de quedarme fuera?
Este último punto puede evitar muchas malas decisiones.
Una plantilla sencilla para analizar una acción
Puedes resumir tu análisis en una página.
Empresa:
Nombre de la compañía.
Modelo de negocio:
¿Cómo gana dinero?
Principales productos:
¿Qué vende?
Mercado:
¿En qué países y sectores opera?
Crecimiento:
¿Cómo evolucionan sus ingresos y beneficios?
Márgenes:
¿Son estables o están cambiando?
Deuda:
¿Es razonable?
Flujo de caja:
¿Genera efectivo de manera consistente?
Ventaja competitiva:
¿Qué la diferencia?
Competencia:
¿Quiénes son sus principales rivales?
Valoración:
¿Está cara o barata respecto a empresas similares y a sus perspectivas?
Riesgos:
¿Qué podría hacer que la tesis de inversión sea incorrecta?
Motivo de compra:
¿Por qué estoy considerando esta inversión?
Motivo para no comprar:
¿Qué argumentos podrían hacerme cambiar de opinión?
Esta última pregunta es especialmente poderosa porque obliga a analizar la inversión desde ambos lados.
¿Cuándo no deberías comprar una acción?
A veces, la mejor decisión es no hacer nada.
Puede ser razonable esperar cuando:
- No entiendes el negocio.
- La valoración parece excesiva.
- La empresa tiene demasiada deuda.
- Existen riesgos que no puedes evaluar.
- La información disponible es insuficiente.
- Estás comprando únicamente por FOMO.
- La posición haría que tu cartera quedase demasiado concentrada.
No invertir también es una decisión.
No necesitas tener una opinión sobre cada empresa que cotiza en bolsa.
Conclusión
Antes de comprar una acción, no te centres únicamente en el gráfico de precios.
Analiza primero el negocio.
Después estudia sus ingresos, beneficios, márgenes, flujo de caja, deuda y rentabilidad.
A continuación, intenta comprender sus ventajas competitivas, sector, competencia y equipo directivo.
Y finalmente llega a una de las preguntas más importantes:
¿El precio actual compensa razonablemente las expectativas y los riesgos que estoy asumiendo?
Una acción no se convierte en una buena inversión simplemente porque haya caído, ni en una mala inversión simplemente porque haya subido.
El objetivo tampoco debería ser encontrar empresas perfectas. Las empresas perfectas prácticamente no existen.
Se trata de construir un proceso que permita separar las decisiones fundamentadas de las decisiones emocionales.
Antes de pulsar el botón de comprar, intenta poder explicar claramente: qué estás comprando, por qué lo compras, cuánto estás pagando, qué riesgos existen y qué tendría que ocurrir para demostrar que tu análisis estaba equivocado.
Si puedes responder a esas preguntas, estarás mucho mejor preparado para tomar decisiones racionales que si simplemente sigues la acción de moda del momento.
Nota final: La información de este artículo es exclusivamente educativa y no constituye una recomendación de inversión, asesoramiento financiero o fiscal. Las acciones pueden subir o bajar de precio y existe la posibilidad de perder parte o la totalidad del capital invertido. Las rentabilidades históricas no garantizan resultados futuros.