Riesgo y rentabilidad: cómo encontrar el equilibrio

Cuando una persona empieza a invertir, suele hacerse una pregunta muy concreta: ¿cuánto puedo ganar?

Sin embargo, existe otra pregunta igual de importante que a menudo queda en segundo plano:

¿Cuánto estoy dispuesto a perder para intentar conseguir esa rentabilidad?

La relación entre riesgo y rentabilidad es uno de los conceptos fundamentales de la inversión. En términos generales, las inversiones con mayor potencial de rentabilidad suelen implicar también una mayor incertidumbre y posibilidad de pérdidas. Por el contrario, los activos considerados más conservadores suelen ofrecer un potencial de rentabilidad más limitado.

Encontrar el equilibrio adecuado no consiste en buscar la inversión que más dinero pueda generar, sino en construir una estrategia que combine rentabilidad potencial, riesgo asumible, horizonte temporal y objetivos financieros.

En este artículo veremos cómo entender esta relación, qué tipos de riesgo existen, por qué una mayor rentabilidad nunca está garantizada y cómo evitar asumir más riesgo del que realmente puedes soportar.

Aviso: este artículo tiene finalidad exclusivamente educativa y no constituye asesoramiento financiero personalizado. Todas las inversiones implican riesgos, incluida la posibilidad de perder parte o la totalidad del capital invertido. La rentabilidad pasada no garantiza resultados futuros.

¿Qué significa riesgo en una inversión?

En términos sencillos, el riesgo es la posibilidad de que el resultado real de una inversión sea diferente al esperado.

Esto incluye la posibilidad de perder dinero, pero no solamente eso.

Por ejemplo, un inversor puede enfrentarse a:

  • Una caída temporal del precio.
  • Una pérdida permanente de capital.
  • Una rentabilidad inferior a la esperada.
  • Una falta de liquidez.
  • Una pérdida de poder adquisitivo.
  • Un cambio desfavorable en los tipos de cambio.
  • Un impago.
  • Un deterioro del negocio subyacente.

Por tanto, decir que una inversión es «de bajo riesgo» no significa necesariamente que sea completamente segura.

Cada tipo de activo tiene diferentes fuentes de riesgo.

¿Qué significa rentabilidad?

La rentabilidad representa el resultado obtenido por una inversión durante un determinado periodo.

Puede proceder de diferentes fuentes:

  • Aumento del precio del activo.
  • Dividendos.
  • Intereses.
  • Cupones.
  • Distribuciones.
  • Otros ingresos asociados a la inversión.

Por ejemplo, si compras un activo por 1.000 euros y posteriormente vale 1.100 euros, tu ganancia sería de 100 euros, equivalente a una rentabilidad del 10%, antes de considerar costes e impuestos.

Pero si ese activo puede perder un 30% durante determinados periodos, el potencial de rentabilidad debe analizarse junto con esa posibilidad de pérdida.

Ahí aparece la relación entre riesgo y rentabilidad.

¿Más riesgo significa siempre más rentabilidad?

No.

Esta es una de las ideas más importantes que debe comprender cualquier inversor.

Asumir más riesgo no garantiza obtener una mayor rentabilidad.

Lo que suele ocurrir es que los activos con mayor riesgo ofrecen la posibilidad de obtener una rentabilidad potencial mayor para compensar al inversor por asumir incertidumbre.

Pero existe una diferencia enorme entre:

«Puede ofrecer una rentabilidad mayor»

y

«Va a generar una rentabilidad mayor».

Una inversión especulativa puede tener un potencial enorme y terminar generando pérdidas importantes.

Por eso, asumir riesgo no es lo mismo que recibir una recompensa.

Un ejemplo sencillo

Imaginemos tres alternativas hipotéticas:

Opción A

Rentabilidad potencial anual: 2%.

Volatilidad: baja.

Opción B

Rentabilidad potencial anual: 5%.

Volatilidad: moderada.

Opción C

Rentabilidad potencial anual: 10%.

Volatilidad: elevada.

A primera vista, la opción C parece la más atractiva.

Pero supongamos que el inversor no puede soportar una caída temporal del 30%.

Si invierte en la opción C y el mercado cae un 30%, podría vender presa del pánico.

En ese caso, la inversión que parecía ofrecer mayor potencial puede terminar siendo una peor decisión para ese inversor concreto.

Esto demuestra que la inversión adecuada no depende únicamente de la rentabilidad esperada.

El riesgo que realmente puedes soportar

Hay dos conceptos que conviene diferenciar:

Tolerancia al riesgo

Es tu capacidad psicológica para soportar pérdidas y volatilidad.

Una persona puede tener dificultades para dormir si su cartera cae un 15%, mientras que otra puede mantenerse tranquila ante una caída del 30%.

Capacidad financiera para asumir riesgo

Es tu capacidad económica para soportar una pérdida sin poner en peligro tus objetivos.

Una persona con ingresos estables, un fondo de emergencia y un horizonte de varias décadas puede tener una capacidad diferente a alguien que necesitará utilizar todo su dinero dentro de dos años.

Ambos conceptos son importantes.

Puedes tener una elevada tolerancia psicológica, pero una capacidad financiera limitada.

O al contrario.

El horizonte temporal cambia el riesgo

El tiempo es uno de los elementos más importantes.

Supongamos que tienes dinero que necesitarás dentro de seis meses.

Una caída significativa justo antes de necesitarlo puede ser un problema serio.

Ahora imagina que ese mismo dinero está destinado a un objetivo dentro de 25 años.

En ese caso, una caída temporal puede tener más margen para recuperarse, aunque no existe ninguna garantía de recuperación.

Por eso, el horizonte temporal debe influir directamente en la cantidad de riesgo que estás dispuesto a asumir.

Riesgo de mercado

El riesgo de mercado es la posibilidad de que los precios de los activos disminuyan debido a movimientos generales del mercado.

Puede estar provocado por:

  • Recesiones.
  • Cambios en los tipos de interés.
  • Inflación.
  • Crisis financieras.
  • Tensiones geopolíticas.
  • Cambios en las expectativas económicas.

Incluso una empresa excelente puede experimentar una fuerte caída de cotización durante una crisis general.

Este riesgo es especialmente importante en inversiones de renta variable.

Riesgo específico

Es el riesgo asociado a una empresa, emisor o activo concreto.

Por ejemplo, una compañía puede:

  • Perder cuota de mercado.
  • Tener problemas de deuda.
  • Sufrir una investigación regulatoria.
  • Perder un producto importante.
  • Cambiar su equipo directivo.
  • Experimentar un escándalo.
  • Entrar en dificultades financieras.

Aquí aparece una de las grandes ventajas de la diversificación.

Si tienes una sola empresa, el problema puede afectar a todo tu capital.

Si tienes cientos de compañías diversificadas, el impacto de una empresa concreta puede ser mucho menor.

Riesgo de liquidez

La liquidez representa la facilidad con la que puedes convertir una inversión en dinero.

Una acción muy negociada puede comprarse o venderse con relativa facilidad.

Otros activos pueden tardar mucho más en venderse o exigir aceptar un precio menos favorable.

Este aspecto es especialmente importante cuando puedes necesitar el dinero rápidamente.

Una inversión con una rentabilidad potencial atractiva puede ser poco adecuada si no puedes venderla cuando lo necesitas.

Riesgo de inflación

Existe otro riesgo que muchas veces se olvida: perder poder adquisitivo.

Imaginemos que tienes 10.000 euros en efectivo durante muchos años.

Aunque sigas teniendo nominalmente 10.000 euros, esos mismos 10.000 euros pueden comprar menos bienes y servicios si los precios han aumentado.

Por eso, una inversión aparentemente segura desde el punto de vista nominal puede tener un riesgo importante en términos reales.

La rentabilidad debería analizarse también después de considerar la inflación.

Riesgo de divisa

Cuando inviertes en activos denominados en otra moneda, puede aparecer el riesgo de tipo de cambio.

Por ejemplo, un inversor que utiliza euros y compra un activo denominado en dólares está expuesto tanto al comportamiento del activo como a la evolución del dólar frente al euro.

Una inversión puede subir en su moneda de referencia y, aun así, proporcionar un resultado diferente cuando se convierte a la moneda del inversor.

No siempre es algo negativo, pero es un factor que conviene comprender.

Riesgo de crédito

En determinadas inversiones de renta fija existe el riesgo de que el emisor no pueda cumplir sus obligaciones.

Por ejemplo, una empresa que ha emitido deuda podría tener dificultades para pagar los intereses o devolver el capital.

En general, la calidad crediticia del emisor influye en el nivel de riesgo.

Normalmente, exigir una rentabilidad mayor puede estar relacionado con asumir un mayor riesgo de crédito.

Volatilidad y riesgo no son exactamente lo mismo

La volatilidad mide cuánto fluctúa el precio de un activo.

Una acción que pasa de 100 a 80 euros y posteriormente sube a 110 euros ha experimentado una volatilidad considerable.

Pero la volatilidad no es exactamente igual que el riesgo de pérdida permanente.

Una empresa puede tener una cotización muy volátil y terminar generando una buena rentabilidad a largo plazo.

Por otro lado, una inversión aparentemente estable puede sufrir un deterioro permanente.

Por eso, la volatilidad es una medida útil, pero no debería utilizarse como único indicador de riesgo.

¿Cómo encontrar el equilibrio entre riesgo y rentabilidad?

No existe una fórmula universal, pero hay varios principios que pueden ayudar.

1. Define tus objetivos

No es lo mismo invertir para:

  • Comprar una vivienda.
  • Crear un fondo para la jubilación.
  • Generar ingresos.
  • Preservar capital.
  • Financiar estudios.
  • Aumentar patrimonio.

Cada objetivo puede requerir una estrategia diferente.

2. Determina cuándo necesitarás el dinero

Cuanto más cercano sea el objetivo, menor margen existe para soportar una caída importante.

3. Evalúa tu tolerancia a las pérdidas

Pregúntate algo muy concreto:

¿Qué haría si mi cartera cayese un 20%?

¿Mantendrías la estrategia?

¿Venderías?

¿Comprarías más?

La respuesta puede revelar mucho sobre tu tolerancia al riesgo.

4. Diversifica

No dependas de una única empresa, sector o activo.

La diversificación puede reducir determinados riesgos específicos.

5. No busques la máxima rentabilidad

Tu objetivo no debería ser obtener la mayor rentabilidad posible independientemente del riesgo.

Debería ser encontrar una combinación que puedas mantener durante el tiempo necesario.

La importancia del perfil de riesgo

De forma general, podemos imaginar tres perfiles.

Inversor conservador

Prioriza la estabilidad y tiene menor tolerancia a las pérdidas.

Puede aceptar una rentabilidad potencial más limitada a cambio de una menor exposición a determinados riesgos.

Inversor moderado

Busca un equilibrio entre crecimiento y estabilidad.

Puede combinar diferentes clases de activos.

Inversor agresivo

Está dispuesto a soportar una volatilidad considerable a cambio de un mayor potencial de crecimiento.

Esto no significa que vaya a ganar más.

Simplemente está dispuesto a asumir más incertidumbre.

El error de buscar rentabilidades extraordinarias

Cuando una inversión promete rentabilidades muy superiores a las alternativas disponibles, conviene hacerse preguntas.

¿Por qué ofrece ese rendimiento?

¿Qué riesgos existen?

¿Es sostenible?

¿Existe apalancamiento?

¿Hay riesgo de pérdida permanente?

¿El producto es suficientemente líquido?

Las rentabilidades extraordinarias suelen ir acompañadas de factores de riesgo que el inversor debe comprender.

Si alguien ofrece una inversión con rentabilidad elevada y «sin riesgo», conviene extremar la precaución.

Rentabilidad ajustada al riesgo

Dos inversiones pueden tener la misma rentabilidad final, pero no necesariamente presentar el mismo perfil de riesgo.

Imaginemos:

Inversión A: obtiene un 8% con fluctuaciones moderadas.

Inversión B: obtiene un 8%, pero durante el camino cae un 60%.

Aunque ambas hayan terminado con un resultado similar en determinado periodo, la experiencia y el riesgo asumido son muy diferentes.

Por eso, los inversores profesionales utilizan diferentes métricas para evaluar la rentabilidad en relación con el riesgo asumido.

Para un inversor particular, no es necesario dominar todas estas métricas, pero sí comprender el principio:

No importa únicamente cuánto ganas; también importa cuánto riesgo has tenido que asumir para conseguirlo.

El drawdown: cuánto puede caer una inversión

El concepto de drawdown puede ser especialmente útil.

Representa aproximadamente la caída desde un máximo hasta un mínimo posterior antes de alcanzar un nuevo máximo.

Imaginemos que una cartera alcanza los 100.000 euros y posteriormente cae hasta 70.000.

El drawdown sería del 30%.

Esta información puede ayudar a comprender qué tipo de caídas ha experimentado históricamente una estrategia.

Pero nuevamente, el comportamiento histórico no garantiza que el futuro vaya a ser igual.

Una caída del 50% requiere una subida del 100%

Existe una relación matemática que todo inversor debería conocer.

Si una inversión pierde un 50%, necesita subir un 100% desde ese nuevo nivel para recuperar el valor inicial.

Por ejemplo:

10.000 € → caída del 50% → 5.000 €

Para pasar de 5.000 a 10.000 euros necesitas duplicar el capital.

Esto demuestra por qué evitar pérdidas permanentes de capital puede ser tan importante.

No significa que haya que evitar toda volatilidad. Significa que una cartera excesivamente arriesgada puede sufrir pérdidas que requieren mucho tiempo para recuperarse.

El riesgo de vender en el peor momento

Una de las mayores amenazas para el inversor no siempre está en el activo.

Puede estar en su propio comportamiento.

Imaginemos que una cartera cae un 30%.

Si el inversor vende por miedo y posteriormente el mercado se recupera, habrá convertido una pérdida temporal en una pérdida definitiva.

Por eso, la cartera debe estar diseñada teniendo en cuenta no solamente lo que parece atractivo cuando los mercados suben, sino también lo que serás capaz de mantener cuando los mercados caigan.

Riesgo y asignación de activos

La distribución entre activos puede tener una influencia enorme sobre el riesgo global.

Una cartera compuesta exclusivamente por acciones puede experimentar grandes fluctuaciones.

Una cartera con una combinación de acciones, renta fija y liquidez puede presentar un comportamiento diferente.

No existe una combinación perfecta.

Lo importante es que la estructura sea coherente con:

  • Horizonte.
  • Objetivos.
  • Necesidades de liquidez.
  • Tolerancia al riesgo.
  • Capacidad financiera.

El papel del efectivo

Mantener una parte del patrimonio en efectivo puede parecer poco atractivo cuando los mercados están subiendo.

Sin embargo, la liquidez puede cumplir funciones importantes.

Puede servir para:

  • Afrontar emergencias.
  • Cubrir gastos próximos.
  • Evitar vender inversiones durante una caída.
  • Aprovechar oportunidades.
  • Reducir la presión psicológica.

La cantidad adecuada depende de cada situación.

Riesgo y diversificación

Diversificar puede reducir el riesgo específico, pero no necesariamente aumenta la rentabilidad esperada.

Por ejemplo, tener una cartera formada por muchas empresas puede disminuir el impacto de que una compañía quiebre.

Pero también significa que si una única empresa experimenta una subida extraordinaria, su impacto positivo sobre la cartera será limitado.

El objetivo de la diversificación no es encontrar siempre al ganador.

Es reducir la dependencia de acertar una única apuesta.

El equilibrio cambia con el tiempo

El perfil de riesgo de una persona no tiene por qué ser permanente.

A medida que cambian sus circunstancias pueden cambiar también sus necesidades.

Por ejemplo:

  • Aumenta su patrimonio.
  • Cambian sus ingresos.
  • Se acerca la jubilación.
  • Tiene nuevos gastos.
  • Cambia su horizonte temporal.
  • Tiene más responsabilidades financieras.

Por eso, una cartera debería revisarse periódicamente.

Revisar no significa modificarla constantemente.

Significa comprobar que sigue siendo coherente con la situación actual.

Un ejemplo de equilibrio riesgo-rentabilidad

Imaginemos tres inversores:

Inversor A

Tiene un objetivo dentro de un año y necesita prácticamente todo el capital.

No tendría sentido asumir una volatilidad elevada para intentar conseguir una rentabilidad adicional.

Inversor B

Tiene un objetivo dentro de diez años.

Puede tener mayor margen para asumir fluctuaciones.

Inversor C

Está invirtiendo para un objetivo a treinta años.

Puede tener una capacidad temporal mucho mayor para soportar periodos de volatilidad, aunque eso no significa que deba asumir cualquier nivel de riesgo.

Los tres pueden utilizar inversiones diferentes y, aun así, estar tomando decisiones racionales.

Cinco preguntas antes de asumir más riesgo

Antes de aumentar la exposición a una inversión arriesgada, puedes plantearte:

1. ¿Entiendo realmente cómo funciona?

Si no puedes explicar de dónde procede la rentabilidad, quizá no deberías invertir todavía.

2. ¿Qué podría hacer que pierda dinero?

Identifica los principales riesgos.

3. ¿Cuánto podría perder?

No pienses solamente en la rentabilidad potencial.

4. ¿Cuándo necesitaré el dinero?

El horizonte temporal es fundamental.

5. ¿Podría mantener la inversión durante una caída importante?

Si la respuesta es no, probablemente estás asumiendo más riesgo del que puedes soportar.

Cómo evitar asumir demasiado riesgo

Una buena estrategia no consiste en eliminar completamente el riesgo.

Eso sería prácticamente imposible.

Consiste en asumir riesgos que entiendas y que puedas soportar.

Algunas medidas que pueden ayudar son:

  • Diversificar.
  • Mantener un fondo de emergencia.
  • No invertir dinero necesario a corto plazo.
  • Evitar un endeudamiento excesivo.
  • Controlar las posiciones individuales.
  • No utilizar productos complejos sin comprenderlos.
  • Evitar perseguir rentabilidades extraordinarias.
  • Mantener un horizonte temporal adecuado.
  • Revisar periódicamente la cartera.

Riesgo, rentabilidad y costes

Los costes también forman parte de la ecuación.

Una inversión puede generar una rentabilidad bruta atractiva, pero si soporta comisiones elevadas, costes de operación e impuestos, la rentabilidad neta será menor.

Por eso, al comparar inversiones conviene analizar el resultado que realmente puede quedar para el inversor.

Los costes son especialmente importantes a largo plazo porque se acumulan año tras año.

El equilibrio no consiste en encontrar una inversión perfecta

Muchos inversores pasan demasiado tiempo buscando «la inversión perfecta».

Pero probablemente no existe.

Una cartera razonable puede experimentar:

  • Años positivos.
  • Años negativos.
  • Periodos laterales.
  • Grandes caídas.
  • Recuperaciones.
  • Diferentes niveles de rentabilidad.

Lo importante es construir una estrategia que pueda sobrevivir a diferentes escenarios.

Conclusión

La relación entre riesgo y rentabilidad es uno de los pilares fundamentales de la inversión.

En general, para aspirar a mayores rentabilidades potenciales es necesario aceptar una mayor incertidumbre, pero asumir más riesgo nunca garantiza ganar más dinero.

El verdadero objetivo debería ser encontrar un nivel de riesgo que sea compatible con tus objetivos, horizonte temporal, capacidad financiera y tolerancia psicológica.

Una cartera demasiado conservadora puede tener dificultades para superar la inflación a largo plazo.

Una cartera demasiado agresiva puede sufrir caídas que el inversor no sea capaz de soportar.

El equilibrio se encuentra entre ambos extremos.

Diversificación, horizonte temporal, liquidez, control de costes y disciplina son herramientas esenciales para conseguirlo.

La pregunta correcta antes de invertir no debería ser únicamente:

«¿Cuánto puedo ganar?»

También debería ser:

«¿Qué puedo perder, cuánto tiempo puedo mantener la inversión y seré capaz de seguir mi estrategia si las cosas salen mal?»

Comprender estas preguntas puede ayudarte a tomar decisiones de inversión más racionales y, sobre todo, a construir una cartera que puedas mantener durante los años necesarios para alcanzar tus objetivos financieros.

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